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Armando Correa
February 01, 2016 AT 01:22 PM EST
Hector O. Torres/People en Español
Armando Correa

La debacle que provocó el artículo del polémico actor estadounidense Sean Penn sobre su encuentro-entrevista con el prófugo y capo de la droga más buscado del mundo aún da mucho de qué hablar y lo dará por mucho tiempo. Lo que nadie esperaba es que la estrella que conformó este escandaloso triángulo —como en las mejores telenovelas— fuese la reconocida actriz Kate del Castillo.

Antes de continuar debo aclarar que no soy quién para juzgar. Cada día que pasa, este entuerto se esclarece o se enreda más, y es el tema que ocupa los principales programas de noticias y entretenimiento en Estados Unidos —y puedo asegurar, en muchos países alrededor del mundo.

Todos quieren opinar —algunos están sorprendidos, otros ofendidos— de ver cómo la actriz que protagonizó la serie La reina del sur (Telemundo) sobre el sangriento mundo del tráfico de drogas, haya accedido a ser el enlace entre Joaquín “el Chapo” Guzmán, en ese entonces fugitivo de la justicia, y un actor de Hollywood ávido de una exclusiva que había negociado con la revistaRolling Stone.

¿Qué motivó a Kate a aceptar los cumplidos del Chapo? ¿Por qué se abrió a un diálogo con el hombre que afirma sin titubear —según Sean Penn— que trafica “más heroína, metanfetaminas y marihuana que nadie en el mundo”? El coqueteo entre Kate, Sean Penn y el narcotraficante nos dejó boquiabiertos. ¿Cuáles habrán sido las verdaderas razones? Solo ellos lo saben. 

Lo que más me molesta es que ahora los lauros se los lleve Sean Penn, quien ya inició su tour en la televisión nacional vanagloriándose de “su exclusiva”. Dejó a Kate como una simple intermediaria en las garras de un Gobierno humillado que la quiere utilizar como chivo expiatorio. Es fácil condenarla: es mujer, actriz y, para la rabia de muchos, inteligente. Alejada de la prensa y de las cámaras, Kate se ha limitado a decir que “el gobierno [mexicano] me quiere destrozar”.

Conozco a Kate y he conversado con ella en varias ocasiones. Nos vimos el año pasado en Nueva York. Como algunos recordarán, ella fue una de las estrellas de la portada de “Los 50 más bellos” del 2015.

En el 2013 estuvo también a la cabeza de nuestras mujeres más poderosas a lado de su ahijada en el proyecto, Marian González, una activista mexicana. Juntas denunciaron la trata de personas en México. Puedo asegurarles, además, que Kate es una de las actrices más capaces que he conocido, que más respeta su profesión y que se ha labrado un camino en Hollywood sin padrinos, batallando por encontrar un espacio que enriquezca su creatividad.

A los que la quieren lanzar a la hoguera les insisto en que no la juzguen. Por eso decidí dedicarle la portada de esta edición. Nos basamos en los hechos y tratamos de reconstruir la historia de principio a fin, al menos hasta el día que enviamos la última página a imprenta y reprodujimos los mensajes entre el Chapo y Kate, dados a conocer por el gobierno mexicano que ha ido sancando, a su conveniencia, la información a cuenta gotas.

No creo que Kate haya medido las repercusiones que tendrían sus acciones, pero estoy convencido que su interés principal era creativo: hacer una película sobre el hombre más buscado del mundo.

En una entrevista para esta edición unos días antes de lo que ya sabemos sobre ella, Sean Penn y el Chapo, nos dijo con un aire de presagio: “Todos tenemos nuestros errores y nuestras cosas, pero por lo menos trato de ser congruente conmigo e ir de la mano con lo que pienso”.

Hasta la próxima semana,

Armando

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