Mezcalent
Miriam Giglio / Cd. de México
August 11, 2008 AT 04:00 PM EDT

Mucho escándalo ha causado el que la trama de Sin senos no hay paraíso (Telemundo) gire en torno al mundo de la prostitución, pero la saga de la pobre Catalina (Carmen Villalobos) no es la primera en ocuparse de ese tema. Ya otras novelas han explorado el burdel e incluso tenido heroínas que vendían su cuerpo, y no todas eran historias de vanguardia como la novela de Alfredo Bolívar.

CORTESANAS Y MANTENIDAS
La imagen de la cortesana de nobles sentimientos es un cliché literario cuya máxima encarnación es Margarita Gautier, La dama de las camelias. Versiones libres de esta novela de Dumas han surgido en México con Blanca Sánchez; Marilyn Pupointerpretó a Margarita en una versión boricua, y en El precio de la fama, Sonia Infante era una actriz que vivía de los hombres, pero se enamoraba de un joven pobre (Sergio Goyri), todo para morir en sus brazos.

La cabaretera, hoy llamada “bailarina exótica”, no es propiamente una prostituta, pero goza de igual reputación. Las telenovelas retrataron el mundo de cabaret con una Lucía Méndez en Colorina. Dos décadas después le nacía un clon “güera” y con rostro de Edith González, se llamó Salomé.

En cuanto a sexo servidoras, también se cuenta un par entre las heroínas. En Lo blanco y lo negro, Lupita D’Alessio interpretaba a Verónica Montes que en su juventud había sido mujer pública. Tina Romero comenzó su carrera en las telenovelas dando vida a Santa, la estrella de un burdel de comienzos del Siglo 20. Pero la más famosa heroína-prostituta es sin duda la sin par Doña Beija, quien tras ser la querida del Comendador, regresaba a su aldea brasileña para instalar un prostíbulo del cual ella era la única cortesana.

SIN BURDEL NO HAY PARAÍSO
Sin senos… no es la única novela en explorar los misterios del lenocinio. En La casa en la playa, Yadhira Carrillo daba vida a una especie de Heidi Fleiss mexicana, más decente y humana que la verdadera. Tanto le gustó este mundo a Yadhira que en Barrera de amor, su personaje, Maite, buscaba refugio en un burdel, pero como cocinera. Aún así, el argumento de Liliana Abud hacía una cuidadosa y objetiva investigación de la vida en un lugar donde cohabitaban prostitutas buenas y malas. La novela no emitía juicios y presentaba la prostitución como una profesión más o un estilo de vida alternativo.

Otra imagen benévola de la casa de “tolerancia” aparecía en Pueblo chico, infierno grande. Al igual que Cata de Sin senos…, Magdalena (Evangelina Sosa) tenía un novio que se pasaba de cariñoso con su futura suegra. Tras encontrar a su propia madre con su novio en la cama, Magdalena tenía una crisis que la hacia vagar de pueblo en pueblo hasta que era rescatada por la bondadosa Tapanca (Lilia Aragón), que la llevaba a su burdel. Ahí, Magdalena encontraba refugio y nueva identidad al reinventarse como la sensual “Beltraneja” (Alma Delfina).

Tampoco hay que pensar que las telenovelas dan una visión falsa y rosa de la prostitución. En Contra viento y marea, Apolonia (Azela Robinson) alternaba sus roles de dama de sociedad y empresaria con el manejo de lupanares donde tenia a las pupilas como esclavas, incluso encadenadas. En Destilando amor, la Gaviota (Angélica Rivera) era engañada por un tratante de blancas que terminaba con ella en una casa de prostitución parisina. En Las vías del amor, Emilio Larrosa, siempre tan audaz, ofrecía una visión descarnada de la tragedia de una prostituta adolescente (Erika García), e incluso se atrevía a hablar de prostitución infantil, pedofilia y otros males sociales.

You May Like

EDIT POST