TELEMUNDO
Miriam Giglio/Cd. de México
February 13, 2008 AT 06:00 PM EST

Dicen que el amor eterno sólo existe en las telenovelas y que en ellas el amor incondicional ha encontrado su último refugio. Sin romance no habría telenovela, ¿pero es el amor telenovelero un sentimiento único y mítico o como en la vida real viene en diversos colores?

No sólo para jóvenes
La telenovela del siglo XXI difiere de la original en personajes y situaciones. El amor es importante, pero ya no es franquicia de los jóvenes ni es la única meta de los protagonistas. Aunque las heroína ideal debe ser joven y fresca, un buen ejemplo fue el ramillete de acapulqueñas en traje de baño de Código postal. Pero lo cierto es que ya no es obligación tener menos de treinta años para protagonizar una historia de amor.

Los romances otoñales también tienen su público. Ahí están los casos de Madre luna y de Victoria, ambas mujeres maduras que han cambiado el rostro del dramón maternal, por el simple hecho de hacer a la protagonista una mujer atractiva y sexy. Como Victoria, muchas heroínas cuarentonas descubren el amor en su cuarta década y con compañeros más jóvenes.

El cuento de la criada enamorada del patrón sigue vigente en los romances de Rosita y Bruce en Dame chocolate y Mili y Alejandro en Al diablo con los guapos, pero las cenicientas han evolucionado. El mejor ejemplo es la Gaviota de Destilando amor, un verdadero modelo de superación. Al final de la novela, la Gaviota tenía más prestigio y dinero que su héroe-amante-ex-patrón.

También los cenicientos han sufrido una transformación. Ya no son tan ignorantes, pobretones y llenos de rencores sociales como los del pasado. En Bajo las riendas del amor, Gabriel Soto interpreta a un humilde fotógrafo que se enamora de una “pobre niña rica”, pero termina casado con la prima de ella.

Así aman las oficinistas
También ha cambiado el objeto de pasión del despreciado ceniciento. La heredera caprichosa ha dado paso a la caprichosa oficinista. Tal como Tomás Mora sufría de amor por su Lichita en La fea más bella, A Juan Querendón lo ha traído “por la calle de la amargura” la veleidosa Paula Dávila, su ex jefa.

Las oficinas han reemplazado a las mansiones y haciendas que eran los espacios donde se cocinaban intrigas y amores en la telenovela del pasado. Hoy la vida amorosa de las ejecutivas es lo que importa a los guionistas. Los argumentos giran en torno al dilema de la mujer moderna: ¿Cómo barajar una carrera y una vida sentimental perfecta?

Las heroínas ahora son mujeres ambiciosas con objetivos entre los cuales incluyen amor, y un posible matrimonio. Estas características cambian el rostro tradicional del romance telenovelero. Sobre todo, porque la nueva heroína ya no vive pendiente de “guardarse” para el Príncipe Azul.

Se solicita experiencia sexual previa
Hasta Lety de La fea más bella llega a los brazos de su jefe con experiencia sexual previa y una heroína tradicional como la Gaviota entra al mundo de los negocios con un historial amoroso que incluye un revolcón en los campos de agave, un viaje tortuoso por Europa, un aborto espontáneo y una jornada en un prostíbulo francés.

La heroína moderna ha vivido y conoce el mundo. Para bien o para mal, ese conocimiento afecta su manera de descubrir el amor. Incluso la novela de época refleja un cambio en su manera de enfocar a la heroína enamorada.

Por un lado, tenemos una Isaura que defendía su honor cuchillo en mano y que al final parecía estar enamorada de su virginidad. Comparémosla con la Esmeralda que dejaba los calzones (literalmente) debajo de la cama y perdía su virginidad con el primer Zorro que se le cruzaba por el camino. Por último, tenemos a la Camila de Pasión que tras rapto, violación, esclavitud y matrimonio ya tiene poco que temer o conocer. Camila no anda en busca del amor. Este la encuentra a pesar suyo. Quizás esa sea la gran diferencia del romance moderno. Las heroínas tienen otras prioridades antes que el amor, por lo que éste puede ser más un obstáculo que una finalidad.

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