David Ramos/Getty Images
Celeste Rodas de Juárez
August 11, 2016 AT 02:21 AM EDT

La judoca brasileña Rafaela Silva ha protagonizado una de las historias más inspiradoras de los Juegos Río de Janeiro tras alzarse con una medalla de oro no muy lejos de la violenta y pobre favela en la que nació. 

Criada en la peligrosa Cidade de Deus, logró darle vuelta a su vida y darle una alegría a su país al conseguir la primera presea dorada de estas Olimpiadas. 

“Empecé a practicar el judo para defenderme. Si no hubiese sido así, no sé dónde estaría hoy”, explicó tras colgarse la medalla. “Siento mucha felicidad por esta medalla, he pasado hambre, he tenido días difíciles, he sido pobre toda la vida, y hoy tengo un oro, un oro olímpico”.

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Además de su difícil vida en la favela de Río, Silva ha enfrentado el racismo, el ciberacoso, cometarios racistas y otras dificultades. Prueba de ella fueron algunas de las críticas que recibió tras ser descalificada en las Olimpiadas de Londres de 2012. “El lugar de un mono es una celda”, le llegaron a decir.

"Pra quem tem fé a vida nunca tem fim."

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“Esta medalla es una respuesta para todos los que me insultaron, para quienes me dijeron que el judo no era una cosa de monos”, señaló la joven de 24 años sobre su triunfo.

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En sus entrevistas ha recordado como era tan pobre que no tenía kimono para entrenar y su entrenador le prestó uno que le quedaba grande. Incluso cuando comenzó a ganar sus primeros campeonatos, no tenía dinero para ir a las siguientes competencias. Fue nuevamente su entrenador que la ayudó poniendo su propia tarjeta de crédito.

Hoy la judoca tiene tatuado este mensaje en su brazo izquiero: “Solo Dios sabe lo mucho que sufrí y lo que tuve que hacer para llegar aquí”. 

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