Sony/BMG
Jeniffer Rosa López / NYC
June 17, 2008 AT 11:00 AM EDT

Aún estaba formulando unas preguntas en mi cuaderno, cuando Julieta Venegas se apareció como por arte de magia en el marco de la puerta de la habitación del Dream Hotel, lista para la que sería su última entrevista del día en Nueva York.

En cuestión de segundos, su diminuta figura se desplazó por el salón hasta llegar al sofá donde me encontraba. Traía el cabello recogido en una cola, una bufanda rosada de H&M atada al cuello, cero maquillaje, y una sonrisa a flor de piel. Venegas lucía radiante. Me saludó, genuinamente, como quien se alegra de ver una cara conocida.

Venegas comenta que ha venido muchas veces a Nueva York pero nunca la ha visto realmente. “Nueva York se me hace muy fuerte, viniendo de fuera. Quiero comprar alguna cosilla, sentir la calle, ver los mercadillos, en fin, ver la ciudad con una local”, dice. “¿Es muy tarde para ir de tiendas, verdad?”, pregunta mientras se asoma por la ventana.

Pude leer las entrelíneas. Teníamos poco menos de una hora antes de que cerraran los comercios y sin pensarlo dos veces, tomamos juntas un taxi rumbo a SoHo. Fue así como terminé de guía turística en esta aventura, segura de que ningún otro escritor tendría la dicha o el reto de armar una nota, entre camisetas, discos y jeans.

En esta ocasión, Venegas, de 37 años, se encuentra en la ciudad promocionando su nuevo material, MTV Unplugged y claro, una inminente gira que la llevará por Estados Unidos, Europa y Latinoamérica que la tiene sumamente entusiasmada. “La idea fue mía, yo fui la que empezó a tirarle la piedrita a MTV, el concepto lo hice en casa”, asegura.

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El presente

“Volví a reencontrarme con mis canciones después de haberlas alterado, quería refrescarlas, poder interpretarlas de otra manera también está padre”, insiste. Por tratarse del primer disco que produce y contando con el apoyo de su disquera, Venegas se armó de los mejores músicos y colaboradores que pudo encontrar en todos los confines del planeta.

Desde Brasil, Marisa Monte; desde España, La Mala Rodríguez; representando a México, Natalia Lafourcade; y directamente de Argentina, Gustavo Santaolalla, fueron los responsables de armar “la fiesta de pueblo”, (como le llama Venegas), en las que 15 canciones, de las cuales cuatro son nuevas, fueron el saldo final.

Para haber sido la autodenominada “antipática de la familia”, no le faltan amigos, ni fanáticos. En varias ocasiones, sus seguidores se acercaron para pedirle una foto. Aunque no siempre sucede en el mejor de los momentos, le apena decir que no, así esté en ropa interior, tratándose un “jumper” en el probador de Urban Outfitters.

Fuera del escenario,Venegas es tímida, y muy reservada. Afortunadamente para ella, su carrera no depende de su vida privada. Un par de fotos más tarde, reflexiona: “A veces me siento un poco invadida, ya sé que hay gente que dice que una siempre tiene que estar dispuesta, pero mejor por qué no me saludas, tenemos una conversación, me cuentas qué estás haciendo”, dice sin resentimiento, porque sin duda, alguna vez ella también ha pedido una foto.

Y, aunque es evidente que su carrera le ha dado mucho, al preguntarle si le ha quitado algo, arremete sin reparos: “Pierdes tu cotidianidad, tus amigos no los ves siempre, tienes un ritmo muy irregular, es como una cosa maniacodepresiva”, confiesa.

En una hora platicando con ella, descubrí cosas que sentada en la sala del Dream Hotel jamás hubiese adivinado. Venegas habla portugués, no tolera los lácteos, no tiene un estilista de moda particular, es una mujer que ama, prefiere quedarse en casa leyendo antes que irse de parranda, tiene una hermana gemela, que por cierto recién le regaló una sobrina, alucina por la tienda de discos “Other Music” más que por Virgin Megastore y delira por su nueva pañoleta vintage Dior circa 1970 más que por cualquier otra cosa que haya visto en nuestro recorrido.

“Me dijeron en Londres que la seda es lo mejor para calentar la garganta”, dice, como si necesitara mi aprobación para llevársela. Poco faltó para que le dijera: “si no te la llevas tú me la llevo yo”.

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