Cortesía Rogers and Cowan
Vicglamar Torres/NYC
April 06, 2011 AT 05:00 PM EDT

Juanes es un nombre en plural que representa a alguien muy singular. Es un nombre que puesto al trasluz de la sensibilidad significa paz, carisma y talento. Un nombre que suena en la radio a nivel mundial, que ha ganado 17 Grammys y que ha vendido más de 12 millones de copias y, ya sea en una sala pequeña, teatro, estadio o cualquier escenario significa lo mismo: música.

“Mi papá tenía la costumbre de abreviarlo todo y empezó a decirme así: ‘Juanes” que es un diminutivo de mi nombre: Juan Esteban. Ya después, cuando me hice músico, conservé mi nombre porque uno no tiene jamás que ser otro. Me han pasado cosas muy graciosas. Algunas veces me paraban en los aeropuertos y me preguntaban ‘¿tú eres del grupo Juanes?’ Y yo decía ‘Sí, claro, soy el vocalista’. Y es verdad, canto con Juanes”, comenta divertido el músico en una entrevista exclusiva con PeopleEnEspanol.com.

Esa pluralidad semántica que encierra su nombre quizá marcó su diversidad musical sin saberlo. “Me siento bendecido porque Dios me ha dado la oportunidad de conectarme con mucha gente, de llevar mi música a distintas partes del mundo, mi esencia. Todo esto es maravilloso”. Pero no siempre fue así, el cantautor y filántropo recuerda entre risas, los años en que tocaba puertas buscando una oportunidad. Estaba en Los Ángeles, ciudad que recorrió de pe a pa durante dos años esperando un mensaje mesiánico y nada. “Una vez un productor de una disquera me dijo: ‘Oye, ¿por qué no cambias un poco tus letras y te peinas con gomina? Mira que te pareces a Antonio Banderas, si haces eso podríamos triunfar’. Prefería vomitarme antes de eso. No por Antonio Banderas a quien respeto mucho, sino porque practicamente me estaban pidiendo que mintiera y un músico nunca debe mentir. Mi bandera es y siempre ha sido la honestidad”.

Estandarte que asegura sigue siendo su bastión. Asegura que no hay diferencia entre aquel muchacho que soñaba con los grandes escenarios y este consagrado músico, que además de pasearse por la ceremonia del Nobel, también llena plazas multitudinarias a nivel mundial, tal y como lo está haciendo con su actual gira de conciertos, P.A.R.C.E, nombre homónimo de su más reciente producción discográfica, y con la que llegará al Madison Square Garden de Nueva York, este viernes 8 de abril.

“Presentarme en un escenario sigue siendo como un sueño. Estar allí frente a tanta gente, cantarles y compartir con ellos es mágico. Yo creo que es una química especial, es un acto de amor porque el público va a verte porque quiere hacerlo. Y uno está ahí también porque quieres. Creo que esa energía de los conciertos es divina. Es un regalo de Dios”.

La invocación del Ser Supremo está siempre en la punta de la lengua del intérprete de “La camisa negra” porque es una persona muy creyente. “Creo ciegamente en Dios. En esa fuerza superior que lo ampara a uno siempre, en las buenas y en las malas. Yo he visto el miedo de cerca, el dolor, pero siempre he tenido presente a Dios”, asegura el cantante en medio de un suspiro que quizás lo remite a su vida privada o a su país, porque “Colombia es una tierra de contrastes. Mi país se caracteriza por los extremos. Las cosas malas son muy malas y las buenas son maravillosas. Afortunadamente tenemos el arte para resguardarnos de lo malo”.

Aunque él no se ha resguardado en su música. Por el contrario, se ha expuesto como nadie. De esta última producción discográfica se desprenden temas como “La razón” o “Segovia”, que hablan de situaciones íntimas para él como son su amor incondicional hacia su familia y su impotencia ante la masacre que ocurrió en el municipio antioqueño llamado Segovia.

“Yo escribo de mí, de mi vida, de lo que me pasa y de lo que siento. Soy honesto. Creo que la honestidad es la base de todo, sino no sirve”, asegura el cantautor de 38 años, quien afirma que trata de no dejarse tentar por esa cosa intangible y avasalladora que puede llegar a ser la fama. “De hecho, creo que musicalmente me he vuelto más exigente. Yo diría que casi neurótico, porque después de que tanta gente te dice que lo que haces vale la pena, que te quedó bien, es fácil sucumbir. Pero uno se termina convirtiendo en el principal enemigo de uno mismo. Se exige más. En mi caso, cuido cada canción. Cuido que los colores que uno visualiza en los temas sean nítidos, que las texturas se sientan. Cada una de las canciones que están en mis discos tiene una historia, tanto a nivel de composición como a nivel de producción.”

Hablando de su proceso creativo, lo define como un caos. “No tengo un orden específico. A veces empiezo escribiendo cosas como loco, garabatos, frases, ideas sueltas. A veces hago la melodía primero y después es que empiezo a pensar qué quiero decir con esos acordes. A pesar de todo sigue siendo como muy inocente”.

Lo que está claro para el multipremiado artista es que sea cuál sea la intención de sus canciones y de sus acciones, siempre tiene como norte y objetivo de vida la búsqueda del amor. “No, no soy cursi. El motor de mi vida es el amor y ojalá fuese el motor del mundo. Soy un fiel creyente del amor y lo digo, el amor entendido como esa energía poderosa que es Dios, el amor de mis hijos que para mi es algo sublime, de mis amigos.”

Este yerbatero que busca el amor, también tiene como asidero sus sueños infantiles y se refugia en sus amigos, a quienes les dedicó una canción en su producción P.A.R.C.E. “Dicen que uno madura hacia la infancia. Busco mucho al niño que hay dentro de mí. Trato de acercarme a la esencia de lo que era mi vida, mis sueños y ahí uno encuentra a esos amigos incondicionales, que siempre han estado ahí”. Amigos con los que mantiene una relación entrañable. “Quizás no nos vemos con frecuencia, pero para eso está el Skype, el Facebook, el Twitter y cuando nos vemos es como si no hubiésemos dejade de vernos”. En su infancia también está su mamá, otro de sus pilares y, quien por cierto sigue siendo una de las pocas que lo llama Juan Esteban, “pero solamente cuando me va a regañar”. Aunque los regaños han ido mermando con los años.

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