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Lena Hansen
July 11, 2008 AT 03:00 PM EDT

Su presencia en el escenario Nha Trang, Vietnam -donde se realizó el concurso- significó que aquellos que intentaron truncar el camino de Ingrid Marie Rivera no se salieron con la suya. La pesadilla que la joven vivió tras el difundido sabotaje en su contra con gas pimienta en noviembre de 2007, será sólo un recuerdo.

El incidente ocurrió antes de que Rivera se presentara en la prueba preliminar del concurso Miss Puerto Rico, donde se eligen a las finalistas. Al retocarse el pecho con brillo en el camerino, ella se percató de que la brocha de maquillaje estaba húmeda. Revisó sus pertenencias, y al ver que no había nada mojado en su cartera, se alarmó.

“No pasaron 20 segundos, cuando comencé a ver el pecho rojo”, recuerda la reina de belleza, “me empezaron a brotar como manchones. La cara se me empezó a hinchar, sentí un ardor, una quemazón, el ojo me empezó a lagrimar y la nariz a gotear”.

Al salir al escenario, frente a los jueces, mantuvo la cara en alto, mirando hacia arriba para evitar que sus lágrimas rodaran. “Las personas que hicieron esto es porque me quieren sacar de la competencia y no lo puedo permitir” pensó en ese momento, “No les voy a dar el gusto. Este es mi sueño”.

Sueño que ha mantenido vivo, ya que -a pesar de una odisea legal durante la cual se especuló que Rivera había mentido sobre el incidente para ganarse el favor del público y los jueces- fue coronada Miss Puerto Rico.

“En lo emocional ha sido muy fuerte, es mucha la carga”, admite Rivera sobre esta experiencia. “En los concursos de belleza tú sabes que puede haber envidia y talvez te rompan los tacones o te rasguen el vestido como una maldad, pero eso es muy diferente a que hagan algo contra tu seguridad física como pasó”.

Los sospechosos del atentado son Miguel Delíz, su antiguo maestro de pasarela, y Emmanuel Meléndez, ex empleado de seguridad del certamen Miss Puerto Rico. Se rumora que el complot de sacar a Rivera del certamen fue ideado por Meléndez para dejarle el camino libre a María Noelia, la representante de Guayama, de quien supuestamente estaba enamorado.

Sin embargo, tras varios tratamientos dermatológicos para devolver la lozanía a su piel y sanar las marcas, Rivera logró borrar los daños del gas pimienta. También ha sanado emocionalmente, gracias al apoyo de sus padres y amigos.

Aunque no se llevó la corona como la bella soberana del Universo durante el certamen, Rivera fue un vivo ejemplo de que, como dice el dicho, quien ríe de último ríe mejor.

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