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Ilia Calderón
March 14, 2015 AT 05:02 PM EDT

Me preocupa el mundo en el que vivo, pero me preocupa aún más el mundo en el que va a vivir mi hija.

Un día, en un parque cualquiera, un niño le dice a una niña: “Eres fea, eres negra”. Su respuesta fue más inteligente de lo que todos nos hubiéramos imaginado: “Entonces tu corazón es del color de mi piel”. Que dolor profundo saber que a sus 7 años tuvo que aprender a contestar así.

Una vez, la hija de 5 años del gerente de una compañía para la que trabajé, me dijo: “No me toques, tu eres negra”. Su padre inmediatamente saltó a regañarla y me dijo: “Lo siento, los niños son crueles”.

¡Qué descaro! culpar a su hija, quien a esa edad tan sólo puede repetir lo que escucha de los adultos que la rodean. Estamos llenos de “frasecitas” que se han vuelto tan comunes que las aceptamos sin pensar en el daño que pueden causar a los demás.

Bien lo dijo la doctora Maya Angelou: “La gente va a olvidar lo que haces. La gente va a olvidar lo que dices. Pero jamás olvidará cómo los hiciste sentir”. Y sucede todos los días, a todas horas y sin darnos cuenta.

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Cuantas veces toda la familia va en el auto con sus hijos y pasan frente a un accidente en el que está involucrada una mujer. El padre dice: “Claro, tenía que ser una mujer, es que no saben manejar”. Y usted, señora que va al lado, ¿hace algo para corregir una actitud que discrimina a su propio género?

¿Cuántas veces en su vida usted ha halado sus ojos con sus dedos para burlarse de los asiáticos? O ¿ha usado un plátano para burlarse de los negros? O ¿ha juzgado a los indios por su olor? A propósito, ¿le ha preguntado a alguno de ellos a qué huele usted?

¿Cuántas veces los hispanos han discriminado a hispanos de otros países llamándolos “indios”? (como si fuera un insulto y como si todos no descendiéramos de comunidades indígenas). Pero cuando un estadounidense, discrimina de alguna manera a algún hispano, salen todos a poner el pecho, a criticar, a decir que son racistas y a exigir justicia.

Eugene Jang con Ilia Calderón y su hija Anna.
Cortesía de Ilia Calderón

Grave también expresarse con desprecio de quienes prefieren amar a alguien de su mismo sexo. O creer que todos los musulmanes son terroristas. O seguir señalando a los judíos.

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Me preocupa que vivamos entre todos estos comentarios, comunes en los corrillos, las reuniones familiares, de amigos y de trabajo. Y nadie dice nada. Existe una doble moral.

Hay una línea muy delgada, y con frecuencia traspasable, entre la crítica, la sátira y la ofensa a quien no escogió ser como es.

Mi hija no tiene la culpa de tener sus ojos rasgados, su piel oscura y su cabello rizado. Ella es producto del amor de dos personas quienes decidieron traerla al mundo contra todas las adversidades. Eso debería ser suficiente. ¿Por qué tendrían que importar sus características físicas?

Cada día confirmo porqué también tengo que enseñarle a responder con dignidad a quien quiera hacerle daño por lo que ve por fuera. Doble tarea. Prepararla para ser una persona ejemplar y prepararla para enfrentar a quienes no lo son.

Pregunto: ¿Como padres nos hemos tomado el trabajo de hablar con nuestros hijos acerca de respetar y aprender de las diferencias? ¿Les explicamos que un niño, con dos papás o con dos mamás, o con un papá o una mamá, son como ellos, producto del amor? 

¿Les hemos explicado que ni el peso, ni el color, ni las capacidades o discapacidades, hacen a una persona mejor o peor?

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¿Les hemos dicho que se acerquen a ese niño, al que todos rechazan en la escuela? Porque es mejor estar al lado de él, que al lado de quienes se burlan de él.

¿Les hemos explicado que ese “dolorcito” que sienten en el corazón, cuando ven a alguien indefenso, se llama compasión?, ¿y que es un sentimiento bueno y noble?

Enfoquémonos en la verdadera diferencia, que es hacer la diferencia en las nuevas generaciones. Es un trabajo de todos. Y usted ¿cómo prefiere que su hijo tenga el corazón?, ¿negro, blanco o en la tibieza del gris? Los niños no nacen discriminando. No les enseñen a discriminar.

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