Cortesía Pantelion Films y Río Negro
Vicglamar Torres/NYC
April 08, 2011 AT 06:00 PM EDT

Los hombres sí lloran. Lloran mucho y sobre todo por amor. Si no nos creen, pregúntenle a Eugenio Derbez quien se quedó sin lágrimas de tanto sufrimiento. “Sí, el corazón se me partió en dos. Llegó un momento que pensé que hasta me iba a dar un infarto”, comenta el protagonista de la cinta No eres tú, soy yo, que se estrenó este fin de semana en las salas estadounidenses, después de haber alcanzado un notable éxito en la nación azteca. La película cuenta la historia de Javier, un hombre a quien su esposa abandona y detona en él una montaña rusa emocional que expirimirá hasta su última lágrima.

“Mientras Javier más llora, más sufre y más toca fondo, al público más risa le da. Al principio, puedes llegar a sentir compasión por él, pero llega un punto en el que te provoca decirle ‘ya párale hombre, cómprate una vida’, porque él se desgarra sufriendo por María, pero de una manera que cae en la tragicomedia”, comenta Derbez a PeopleEnEspanol.com.

En esta cinta de Alejandro Springall, el comediante comparte el rol protagónico con Alejandra Barros, y significó para Derbez todo un reto, no solamente porque es la primera vez que hace de galán, sino porque tenía que limitarse a actuar, siendo él un hombre acostumbrado a usar múltiples sombreros en la industria del espectáculo. “No estoy acostumbrado a estar bonito, peinadito y ahí estaban todo el tiempo arreglándome”.

Estás acostumbrado a dirigir, producir, actuar y escribir la mayoría de los proyectos donde participas. ¿Cómo te sentiste limitándote solamente al rol de actor?
Se te olvidó decir que también busco el café cuando hace falta –dispara el actor con su acostumbrada chispa–. Fíjate que al principio fue difícil. De hecho, tanto Alejandro [Springall] como yo sabíamos que nos iba a costar. Pero le juré que me iba a portar bien. También le dije que le daría mi opinión una sola vez de las cosas que pensaba.

¿Y cuántas “una sola vez” hubo a lo largo de la producción
Mil quinientas –vuelve a bromear–. La verdad es que a veces llegaba con escenas reescritas, con sugerencias en cuanto a luces y él siempre me escuchó. Casi nunca me hizo caso, pero me escuchaba. Fuera de juego fue muy gratificante trabajar en esta película. Fue un ejercicio liberador y enriquecedor.

¿Por qué?
Porque yo estoy acostumbrado a hacerlo todo: escribir, dirigir, producir y, eso es desgastante. En este caso me relajé y me puse en las manos de Alejandro, que es un gran director. El resultado del trabajo está allí. Creo que no pudo ser mejor. Esta película se convirtió en una de las más vistas en la historia del cine mexicano y, es un orgullo haber formado parte de ella.

Tu personaje llora incansablemente por amor. ¿Tú lo has hecho alguna vez?, ¿en qué se parecen Javier y Eugenio?
En que somos llorones. No, mentira. Javier es un tipo buena onda, sensible y creo que yo también. Sí, he llorado por amor, pues creo que debo haber derramado lágrimas como para llenar una piscina. Todos los hombres hemos llorado por amor, lo que pasa es que aunque parece mentira persiste todavía en nuestra cultura el mito bobo de que ‘los hombres no lloran’. Siempre he creído y lo digo muy en serio que si enseñáramos a los niños a que tienen derecho a reír, a llorar y a expresarse libremente tendríamos adultos menos neuróticos.

¿Lo hiciste con tus hijos?
En cierta medida, sí.

¿Cómo te sientes al ver que están siguiendo tus pasos en la industria del entretenimiento
La verdad no me lo esperaba. Me siento feliz, orgulloso y a veces un poco preocupado, como cualquier papá. Me pasaría lo mismo si hubiesen estudiado medicina o abogacía.

¿Cuál es el consejo que más les has repetido
Que tengan cuidado con creerse lo que no son. Un actor o una persona que trabaja en los medios es igual a cualquier otra persona, pero con exposición pública. Un actor es un producto. Es su propio producto y, a veces puedes estar de moda y a veces no. En este mundo de autógrafos y luces mucha gente pierde el piso fácilmente y lo más importante es recordar que cuando sales de una premiere te montas en tu coche, llegas a tu casa y te pones una pijama como lo haría cualquier persona. No hay diferencia alguna”.

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