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Miriam Giglio / Cd. de México
March 27, 2008 AT 05:00 PM EDT

Corre el rumor de que a Carla Estrada le gustaron tanto las novelas marineras, que su nueva producción será nada más y nada menos que una versión telenovelera de la tragedia del Titanic. Aunque nunca hay que hacer mucho caso a los rumores, la idea resulta interesante, pero habría que ver como la harían.

¿COLUNGA HABLANDO INGLÉS?
¿Fernando Colunga será un camarero latino del trasatlántico o un potentado mexicano? ¿Se atreverán a ponerlo a él y a otros miembros del elenco como ingleses o americanos? Para muchos eso suena grotesco. Pero olvidan que Colunga tiene la experiencia necesaria. Quien interpreta a un sueco o a un chino en el escenario, también puede hacerlo frente a las cámaras.

Recordé una de las escasas buenas escenas de Pasión donde El Antillano y el corsario inglés Foreman discuten asuntos de piratas en una playa cubana. Lo interesante es que todo el diálogo fue en inglés, detalle que hizo a la escena más genuina. Al día siguiente, revisando los muchos foros de internet dedicados a la novela, descubrí que a las admiradoras de Fernando también les había encantado la escena. Es que hay algo atractivo en el actor que interpreta un papel de extranjero, alguien diferente a los personajes acartonados y predecibles que vemos día a día. Es por eso que Colunga tuvo sus mejores horas en su rol de bucanero dentro en un mundo exótico.

Alguna vez la telenovela fue un espacio de escape, una vía a la aventura, e incluso a lo no-hispano. Hubo una época en que Enrique Álvarez Félix era un Doryan Gray que no hubiese ofendido a Oscar Wilde; Chela Castro interpretaba una solterona enterrada en la campiña inglesa en Entre brumas, Irán Eory a una colegiala neoyorquina en Encrucijada, y Amparo Rivelles sobrevivía un campo de concentración nazi en Sin palabras. En un caso más reciente Ana Martin se volvía memorable y mágica cuando convertida en geisha bailaba en el Japón de El pecado de Oyuki.

No sólo en México se cultivó este tipo de telenovela internacional En Colombia, Víctor Mallarino debutaba como Julián Sorel en el Rojo y negro de Stendhal. En Venezuela, Delia Fiallo se atrevía a adaptar, con muy buenos resultados, Cumbres borrascosas a tiempos modernos, pero conservando el escenario original de los paramos de Yorkshire, y recientemente Globo echó la casa por la ventana con Terra speranza que tenía lugar alternativamente en la Italia y el Brasil de los 30’s y 40’s.

MUNDOS EXÓTICOS
Este tipo de telenovela que podríamos llamar cosmopolita, y que en México tuvo a sus mejores escritores en Carlos Lozano Dana y Yolanda Vargas Dulché, iba más allá de extraer los personajes de un territorio nativo y llevarlos a exteriores para sacarles una foto en frente de la Torre Eiffel. Llevar a La Fea y a su jefe al Mundial de Munich o tener a Sebastián Rulli y a Sara Maldonado en una góndola en Venecia en Mundo de fieras no es suficiente. Es un caso diferente el de los innumerables viajes de la Gaviota en Destilando amor. El personaje de Angélica Rivera convivía con los habitantes de esos rincones extraños, aprendía incluso otros idiomas, cambiaba ella a la par de cambiar ambiente.

El secreto de una buena telenovela es distraer, hipnotizar y atrapar al espectador. Eso se consigue de la manera más difícil con una trama de cambios constantes, con situaciones límites que acaban y son reemplazadas por otras, o por la entrada y salida de personajes. El problema es que esto suele degenerar en traiciones de personajes, situaciones inverosímiles y finales forzados. Los mejores ejemplos los tenemos en La Fea y los estamos viendo en El Querendón.

Un modo más fácil de conseguirlo es sacar a los protagonistas de lo típico y llevarlos a lugares lejanos y desconocidos, para hacerlos vivir realidades insólitas.

Con Titanic, no se podría desperdiciar el gran entretenimiento que ofrece la propuesta, pero tampoco se podría bajar a los personajes del barco, y eso es un desafió. Ojala, Televisa sí cumpla con este proyecto y que éste haga olvidar el sabor que esta dejando Pasión. Y de paso, que abra de nuevo la posibilidad de hacer más telenovelas cosmopolitas.

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