jrotulo
May 10, 2013 AT 08:00 PM EDT

Durante todo mi segundo embarazo me acompaño una duda: “¿Cómo voy a querer tanto a otra personita como quiero (más bien, adoro) a mi primer bebé?”.

Esta pregunta me llenaba de angustia. Hasta que escuché el llanto de mi niña; en ese momento toda duda se despejó, y en su lugar me llenó un profundo sentimiento de amor infinito que ni yo misma me esperaba.

La maternidad es algo increíble; el espacio que como mujeres tenemos dentro para amar a los seres que traemos al mundo me deja anonadada. Todos los días miro a mi Sebastián y a mi Valentina, y me doy cuenta de que nada más importa, pues en estos momentos soy la mujer más afortunada y feliz del mundo.

Esta vez el parto fue bastante difícil. Tres semanas antes de tiempo se me presentó una complicación peligrosísima llamada abrupto placentae, o desprendimiento prematuro de placenta. Tuvieron que operarme de emergencia, y hubo un momento en que pensamos que la habíamos perdido.

Fueron los minutos más horribles de mi vida… pero toda la pesadilla terminó cuando escuché su llanto al momento de nacer. En ese instante todo valió la pena, y sentí que mi alma volvía a mi cuerpo. Fue el final mas feliz que jamás podría haber imaginado.

Ahora que Valentina está en casa, no puedo dejar de mirarla, de abrazarla, de besarla, de hacerle mimitos… no la dejo en paz ni un segundo. Creo que jamás podré librarme del sentimiento de que pude haberla perdido. La disfruto al máximo, le hablo, le canto, no me molesta despertarme en la noche para alimentarla. Todos sus momentos me parecen maravillosos. Además es una niña muy buena; duerme muy bien durante la madrugada, sólo se despierta una vez y deja que sus papis duerman bien.

Tener una recién nacida y un bebé de año y medio al mismo tiempo es bastante difícil. Mi pequeñito tiene tanta energía y no entiende por qué mami no puede jugar con él como antes. Hemos tenido que modificar nuestras rutinas, ahora disfrutamos momentos de lectura y me ayuda a cambiar el pañal de su hermanita.  Nuestro momento favorito es la hora de dormir; nos acostamos juntitos y le canto todas las canciones que me pide hasta que cierra los ojitos. Sebastian es y siempre será mi príncipe.

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