Agencia México
Miriam Giglio / Cd. de México
May 12, 2008 AT 05:00 PM EDT

Diana Bracho es un orgullo del cine y la televisión mexicana. Una actriz que, tanto sobre las tablas como ante una cámara, destila talento. Su larga y afamada trayectoria la convierte en un símbolo de arte, pero quien recauda aplausos por su versatilidad, hoy se ve confinada un solo rol: el de mamá villana. En ese papel recibirá buena crítica, pero se está encasillando peligrosamente.

La mejor actriz de México
Diana Bracho es probablemente la mejor actriz de México. Hija y sobrina de figuras épicas del Cine de Oro como Julio Bracho y Andrea Palma, desde pequeña vivió el mundo de la actuación, incluso haciendo mini apariciones en filmes de su padre. Su carrera en el cine, desde su debut como la adolescente abusada en El castillo de la pureza, ha estado salpicada de actuaciones casi legendarias. Ilumina el escenario en cualquier obra que ponga en escena y en las telenovelas, aún en roles secundarios, apantalla a las protagonistas.

Es en las telenovelas donde, ahora en su quinta época, tiene más exposición, más publico y es más reconocida. Para muchos Diana Bracho siempre fue “madura”. Otros creen que fue Cuna de lobos su debut estelar. Pocos saben o recuerdan que hizo varias telenovelas en la época en que México experimentaba con el género, en que había compañías independientes produciendo culebrones, que estos duraban tres meses, y eran de mayor calidad que los actuales.

Diana fue una Cosette exquisita en una versión más que adecuada de Los miserables, dio vida a la heroína de la insurgencia en Leona Vicario y trabajó en adaptaciones de clásicos literarios como Ángel Guerra, El periquillo sarniento y La casa de Bernarda Alba. Hasta jugó con el teledramón. En 1980, cuando Diana no era “primera actriz” y Jorge Ortiz de Pinedo no era cómico, formaron una circunspecta pareja de músicos en El amor llegó mas tarde, un folletín de Corín Tellado.

Ha seguido fiel a Televisa aunque hace una década Argos la tentó con el protagónico de Mirada de mujer. ¿Cómo hubiera estado Diana Bracho de María Inés? Eso es tema de especulación, lo que concreto es que se ha convertido en una figura definida dentro de las telenovelas. Lamentablemente lo que la identifica son sus roles negativos.” ¿Diana Bracho?” dice el espectador, “Ahh, la mamá mala de Fuego en la sangre. La tía Evangelina de Cadenas de amargura“.

Una villana inolvidable
Casi nadie recuerda que el último protagónico de Diana Bracho fue Pasión y poder donde era la frágil Ana Laura. Sin pena ni gloria han pasado su madre drogadicta de El derecho de nacer y su madre golpeada de Bajo la misma piel. Lo que queda en la imaginación popular son las villanas. La terrible tía Evangelina, la madre egoísta de Victoria Ruffo en Capricho. La gente recuerda que Bracho fue la pirómana Ana Joaquina en su etapa joven en El privilegio de amar, y que se atrevió a interpretar a una madre lesbiana en Infierno en el paraíso.

Los últimos roles de Bracho ya parecen clones. En Fuego en la sangre reinterpreta a la tía Bertha de Heridas de amor. Gabriela Elizondo posee sus mismas sonrisas, sus mismas muecas, casi su mismo vestuario. Sólo le falta el perro Lucas. Esta repetición es una señal de cansancio, una indicación de que la talentosa actriz se está encasillando en un rol previsible, archiconocido, que ya ni se molesta en cambiarlo. Eso está bien para actores de poco calibre como Sergio Sendel, pero no para una luminaria. Es triste ya ver que actrices talentosas como Chantal Andere y Cynthia Klitbo están tan acostumbradas a la máscara de villana que la interpretan incesantemente sin variaciones. Eso no puede sucederle a alguien de la talla de Diana Bracho.

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