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Miriam Giglio / Cd. de México
June 26, 2008 AT 03:00 PM EDT

Después de la telenovela de época, el drama rural es el que más éxito tiene en el género. Quizás porque ambos ocurren en espacios prodigiosos e ignotos, regidos por otras leyes y costumbres. Así se entiende que cuando se trasladó la trama de Las aguas mansas a un mundo contemporáneo, se la situó inmediatamente en un espacio campirano, que en su última versión Fuego en la sangre ya es toda una película ranchera.

UN MUNDO MÁGICO
Para el espectador citadino, el mundo agrario representa lo exótico. Lejos de la urbe y la civilización todo puede ocurrir y la telenovela campirana no defrauda a su teleaudiencia. Es en ese subgénero donde ocurren cosas prodigiosas como los hechizos de la bruja Tatacoa en La tormenta, o la aparición del diablo en Abrázame muy fuerte que requirió nada menos que Ernesto Alonso llegase a exorcizarlo.

En Apuesta por un amor, se sucedían los sucesos sobrenaturales en una jungla yucateca muy alejada de los hoteles de la Riviera maya. En Mariana de la noche, José Carlos Ruiz interpretaba a un brujo rural que se transformaba en pájaro, y en la selva tabasqueña, Jacqueline Bracamontes descubría el secreto milenario del cocolvosh (chocolate para el vulgo) que curaba las Heridas de amor.

A la par de mágico, el campo telenovelero es un lugar sin legislación moderna, sin policía. Todo se rige bajo códigos feudales casi siempre manipulados por el señor de la región, alias el cacique. César Evora interpretó a dos de los más temidos del drama rural: Federico Rivero de Abrázame muy fuerte y Atilio Montenegro de Mariana de la noche.

No se le quedó atrás Sergio Goyri en Te sigo amando y Duelo de pasiones. A veces incluso puede ser hembra quien ejerce ese control férreo sobre gente y medio ambiente. Ese es el caso de Doña Bárbara, que ha tenido y tendrá sus versiones telenoveleras. En lo que esperamos a la próxima, nos entretiene Diana Bracho con su retrato de mujer apantalonada en Fuego en la sangre.

HEROÍNAS DURAS Y HÉROES FORAJIDOS
El mundo rural es un mundo masculino, machista, en donde la mujer es una víctima silenciosa. Es por eso que el protagonista de La mentira escoge un lugar agreste y alejado de la urbe para hacer pagar a su esposa por culpas no cometidas. En Duelo de pasiones, Goyri encierra a su mujer en su hacienda y obliga a su hija a vivir en una cueva. La mayoría de las heroínas violadas, como La dama de Troya, los personajes de Adela Noriega en El manantial y Fuego en la sangre, y Victoria Ruffo en Abrázame muy fuerte, aparecen en dramas rurales.

Eso explica la proliferación de heroínas campesinas endurecidas, la típica “macha bragada”. Ángelica Rivera en La dueña, Gaby Spanic en Tierra de pasiones, La potra zaina y hasta Daniela Castro en Cañaveral de pasiones, provienen de un mundo tan hostil a su género que deben aprender a valerse por si mismas, aunque sea a golpes y mordiscos.

En el drama rural, la naturaleza es vista como enemiga del hombre. Siempre hay desastres como inundaciones, incendios y pestes, sin contar las fieras salvajes que andan a veces en dos patas. Por eso el héroe de este tipo de novela tiene que ser un poco bandolero, fiel a un código moral propio, y saber cuando romper las reglas.Ha habido telenovelas rurales como Hermanos coraje o Los plateados que han girado en torno a héroes fuera de la ley. Sólo en un drama rural, los héroes pueden irrumpir en casa ajena, armados hasta los dientes y con caras de venganza, como hicieron Los Reyes en Fuego en la sangre. ¿Qué decir de Christian Meier matando a varios en el primer capitulo de La tormenta? Eso sólo puede permitírsele al héroe campirano.

Pero de esa misma manera, el héroe en este tipo de producción puede morir como le ocurrió a Juan Soler en Pueblo chico, infiermo grande, Jorge Salinas en Esposa virgen y Eduardo Palomo en Ramona.

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