Telemundo
Miriam Giglio / Cd. de México
October 03, 2008 AT 11:00 AM EDT

En las telenovelas el amor es mágico, transforma, regenera y cura toda herida. Sin embargo, en Doña Bárbara, el amor de Santos Christian Meier por La Doña Edith González lo ha debilitado y lo ha transformado. En el caso de Doña Bárbara también hay una metamorfosis que disminuye su poder y ablanda la fortaleza que la ha mantenido viva y segura. ¿Puede entonces el amor ser algo nefasto?

TODO POR AMOR
El amor, sea una simple explosión de sentidos o esa emoción a la que cantan los poetas, tiene un efecto transformador que en las telenovelas siempre es benéfico. Por amor las mugrositas se lavan la cara y se peinan; por amor los millonarios arrogantes se humillan ante humildes sirvientas; por amor se olvidan riñas familiares y votos de venganza, lo que hace deducir que el amor doma malas pasiones, pero también debilita los buenos propósitos.

Leticia Padilla Solís Angélica Vale podía ser La fea más bella, pero su honorabilidad era tan grande como su bigote. Entró el amor en su vida, y todas sus virtudes morales flaquearon hasta el punto de convertirse en falsificadora de informes y estafar la confianza de toda la mesa directiva de Ecomoda para ayudar a su jefe amante Jaime Camil con quien mantuvo amores clandestinos aun sabiendo que se iba a casar con otra. El amor ciertamente fue una mala influencia sobre el carácter de la Fea.

Cuando los Hermanos Reyes entraron revolver en mano, y con Fuego en la sangre, en la Hacienda San Agustín venían con la intención de masacrar a la Familia Elizondo, culpable del suicidio de su hermana. Sólo el amor logró debilitar sus votos de venganza, y cambiar sus planes de destruir a las Elizondo por el de convertirlas en sus mujeres. Las Elizondo, con ayuda de Cupido, lacearon a estos rancheros vengadores y ahora se han dado el gusto de dejarlos y eso que están casadas con ellos. Lo triste es que estos hombres recios ahora andan de rogones como perritos falderos tras de quienes iban a ser sus víctimas.

VILLANOS ENAMORADOS
No sólo a los buenos disminuye el amor. En esa misma telenovela, Gabriela Diana Bracho, es una torre de fortaleza dañina. En un mundo rural predominantemente masculino, ella manda, hace y deshace, decide con quien se casan sus hijas, como debe vivir su padre, y hasta le da de latigazos a Juan Reyes Eduardo Yáñez. Sin embargo, Gabriela es mantequilla en las manos de su ex yerno Fernando Guillermo García Cantú, de quien está enamorada.

Gabriela no es la única villana a la que ablanda el amor. La vida de Doña Bárbara dio un giro completo desde que se enamoró de Santos Luzardo. Se puso flores en el pelo, dio fiestas, aprendió a bailar y hasta perdonó a enemigos. Todos quedaron boquiabiertos con el cambio, pero el público sabía que era solo una fachada. Por debajo de esa cara sonriente de juez de concursos de belleza seguía viva la devoradora capaz de lanzar violadores a las pirañas, ordeñar serpientes venenosas y encañonar con revolver a su propia hija. El amor volvió a Bárbara hipócrita y la obligó a parecer débil delante de un pueblo que temblaba a su paso. En lo que si la ha convertido el amor es en una ofrecida, obsesionada con amarrar a un hombre a la pata de su cama.

En cuanto a Santos, la pasión-amor que siente por La Doña lo ha reblandecido mortalmente. La Doña dice que no lo quiere “blandengue”, pero sus caricias confunden los valores del abogado y a ratos lo vuelve un zombi. Quizás no sea violento como su padre, pero no es un “Luzardo distinto”, ya que como su primo está enmarañado en las sábanas de Bárbara y aunque intente huir de ella, la mitad de su voluntad vive en El Miedo. Lo peor, es que aunque repudia las malas artes de la devoradora, no ha podido impedirlas. Desde que se acostó con Santos, La Doña ha matado a Orestes, emborrachado a Lorenzo, descuartizado a un violador y tiene a Luisana, medio calva, y al borde de la muerte. Como que el amor mata lo poco de bueno que hay en ella.

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