David Mcgough/DMI/Time Life Pictures/Getty Images
Juanita Ceballos
February 02, 2014 AT 08:03 PM EST

Mucho se habló a comienzos de enero cuando Woody Allen recibió un Globo de Oro por su trayectoria.

Mientras que muchos lo celebraron, otros —incluyendo a su ex, Mia Farrow y su hijo, Ronan Farrow— se indignaron y aseguraron que no es apropiado premiar a un hombre que fue acusado de abuso sexual infantil.

Ahora, la persona que está en el centro de las acusaciones —la hija adoptiva de Allen y Farrow— Dylan, publicó una carta en la versión digital del New York Times reafirmando sus dichos.

Los cargos surgieron en 1992, cuando el director fue acusado de abusar sexualmente de Dylan, cuando ella tenía 7 años de edad. Sin embargo, Allen afirmó que Farrow lo había acusado en venganza por mantener una relación con su hija adoptiva Soon-Yi Previn Farrow (quien más tarde se convirtió en su esposa). Se hicieron investigaciones, pero un fiscal de Connecticut decidió no continuar con el caso porque, según el, Dylan era demasiado “frágil” para soportar un juicio.

En 1993, después de una larga batalla, un juez concedió a Farrow la custodia de sus hijos y le prohibió a Allen visitar a Dylan. Pero Dylan —quien anteriormente habló sobre los supuestos abusos con la revista Vanity Fair— asegura en la carta que la agresión sexual ocurrió y que fue mucho peor de lo que la gente piensa.

“El hecho de que él se haya salido con la suya me atormentó durante toda mi infancia”, asegura Farrow. “Me aterrorizaba que un hombre me tocara. Desarrollé desordenes alimenticios. Comencé cortarme a mí misma.”

“Hollywood hizo que el tormento fuera aún mayor. Todos, excepto unos pocos (mis héroes) se hicieron los de la vista gorda. Cada vez que veía el rostro de mi abusador -en un cartel, en una camiseta, en televisión-, sólo podía esconder mi pánico hasta encontrar un lugar en el que pudiera estar sola y derrumbarme”, agrega.

Ahora, con 28 años de edad, Dylan está casada y vive en la Florida bajo otro nombre. La hija adoptiva de Allen asegura que su única intención es aclarar las cosas. “Me voy a arrepentir si no digo nada”, escribe.

“Esta vez me rehúso a derrumbarme”, añade. “Las víctimas de abusos sexuales que acudieron a mi me dieron razones para romper el silencio, aunque sea para mostrar que no hay que callar.”

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