MEZCALENT.COM
Miriam Giglio / Cd. de México
June 02, 2008 AT 05:25 PM EDT

Hace poco escuchaba decir a una amiga bastante feminista que por fin le estaban gustando las telenovelas, porque ahora eran los hombres los que lloraban. Es cierto, después de décadas de hacer llorar a las mujeres, ahora es el héroe el que sufre, se encuentra atrapado entre amor y deber, y hasta carga con culpas pasadas o estigmas que lo convierten en un “divino tormento”.

LOS SACRIFICIOS
Los días en que el héroe era un viva-la-vida que sólo se preocupaba por las juergas y por tener el carro del año ya pasaron. Incluso, un mujeriego como Fernando Mendiola (Jaime Camil), de La fea más bella, estaba obsesionado con demostrarle a su padre que era un gran ejecutivo. Era tal la obsesión que lo llevó a poner a su empresa al borde de la bancarrota, a delinquir y casi a perder el amor de su vida.

El héroe ideal es un hombre ocupado, con obligaciones y una misión heroica que cumplir como cuidar a sus hermanos y a las empresas familiares, un ejemplo de esto es Aarón Díaz en Lola…érase una vez. La otra cara de la moneda es Eugenio Siller de Al diablo con los guapos, quien deja de lado la imagen de playboy irresponsable para interesarse en la empresa familia. Hasta El querendón ahora está convertido en un ejecutivo cumplidor, lo cual contrasta por completo con su imagen despreocupada y de atolondrado del comienzo de la historia.

Las responsabilidades implican sacrificios y represiones, lo que atormenta al héroe y le añade atractivo, pero muchos protagonistas sufren tormentos que exigen renuncias terribles. Son los casos de El “Gato” Baptista en La marca del deseo donde se ha enamorado de su propia hermana o del galán de Mi prima Ciela que se ha enamorado por primera vez, pero de una mujer que sufre de una enfermedad mortal.

TRES HÉROES ATORMENTADOS
Para corroborar la idea de que el protagonista soñado debe ser un hombre apesadumbrado veamos los roles interpretados últimamente por los galanes de moda. Mario Cimarro, Eduardo Yáñez y Fernando Colunga.

Este último se ha especializado en vivir tormentos físicos y morales en la trilogía de novelas de época donde Carla Estrada lo ha tenido brincando de siglo en siglo. En Amor real, Fernando era un bastardo producto de una violación que de pronto se convierte en millonario, pero el rencor, la conciencia social y un mal matrimonio le impiden disfrutar de su fortuna. En Alborada, su personaje Don Luis vivía atormentado por el inexplicable desamor de su madre, por la mala costumbre de un primo que siempre quería ensartarlo en su espada y por los metiches del Santo Oficio que buscaban obligarlo a acostarse con una esposa que no le apetecía.

En El cuerpo del deseo, Mario Cimarro era un viejo atrapado en el cuerpo de un hombre más joven que debía vengar su asesinato y defender a su hija de los mismos que se habían encargado de mandarlo al más allá. En La traición, Cimarro vive atormentado por una enfermedad muy rara, pero muy problemática: la catalepsia. Menos rara pero mas vergonzosa era la impotencia que atormentaba a Eduardo Yáñez en Destilando amor.

Tanto tormento predestina estos actores a interpretar los mismos roles. Eso está ocurriendo en Fuego en la sangre que Yáñez reinventa al héroe “cimarriano” obsesionado con vengar la muerte de una hermana y atormentado por el remordimiento de amar a quien cree debería ser el objeto de su venganza.

Por “siglos” fueron las mujeres las sufridas. La telenovela giraba en torno a la tragedia de ser mujer en un mundo de hombres. Hoy, los hombres muestran su lado frágil y les toca a ellos llorar y vivir atormentados.

You May Like

EDIT POST