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Miriam Giglio / Cd. de México
March 20, 2008 AT 02:00 PM EDT

Por algo les otorgan nombres elegantes como “Primer actor” o “actor de carácter”. Por algo, tanto Oscares como trofeos TV y Novelas reconocen su labor. Por algo muchos secundarios se comen la pantalla y opacan a los protagonistas de telenovelas. ¿A qué se debe este fenómeno? ¿Es coincidencia u obedece a algún factor específico?

CUANDO LOS PROTAGONISTAS ABURREN

Mucha gente vio o está viendo Bajo las riendas del amor (Univisión) por el personaje de MariPaz, la chica humilde que es humillada por sus compañeras snobs de una universidad privada. Interpretada por la prometedora boliviana Ximena Herrera, MariPaz tiene los bríos, el carisma, y el caracter que no demuestra Adriana Fonseca en su estelar.

No es que la Fonseca sea incapaz de ganarse al público. Su personaje de la cleptómana Sandra Serrano opacó a nada menos que a Marlene Favela en Contra viento y marea. Al revés de Sandra, Montserrat, la piel que Adriana viste en Bajo las riendas…, es un personaje gris, un poco incongruente y mal conformado.

Para colmo de males, Adriana y Gabriel Soto tienen cero química. Factores que hacen que el público desvíe los ojos hacia personajes más atractivos dentro de la misma historia. Algo bastante común, sobre todo cuando la trama y la pareja principal no dan la talla.

Muchas telenovelas perduran en la memoria popular gracias a sus secundarios. A veces es un villano sobrecogedor, o una madrecita sufrida que arranca lágrimas, o un relleno cómico. Se podrían hacer listas de esos personajes que muchas veces son el trampolín para un estelar. Volviendo a Gabriel Soto, su famosísimo Ulises, el feo de Amigas y rivales es un gran ejemplo. Es una lastima que nunca más haya tenido un rol tan memorable.

Las telenovelas de época de Carla Estrada están colmadas de magníficos roles secundarios. Finita La Fea, de Amor real, último papel de Mariana Levy; Daniela Romo como la turbia e impresionante Doña Juana de Alborada, y muchos otros. Pasión (Univisión) no escatima personajes llamativos, incluso muchísimo más que los protagonistas, pero como todo en la telenovela, los secundarios están encadenados a un mal argumento.

LO MEJOR DE “PASIÓN”

Da lástima ver tantos roles interesantes ser desperdiciados. Más cuando los interpretan actrices tan potentes como Maya Mishalska, Kika Édgar e incluso Daniela Castro quien, aunque salva muchas escenas, también está siendo desaprovechada. Y ni qué decir del fantástico pirata Foreman, interpretado por Luis José Santander. Ese individuo debió haber tenido más escenas y más proyección de la trama.

Quienes han logrado escaparse del cinturón asfixiante y convertirse en los adorados del público son Marcelo Córdoba y Anaís en sus roles de la aporreada heredera Manuela Lafont y Ascanio, asesino, esclavo y ahora herrero. Son tan lindos, tan románticos, que se han ganado el favor de la audiencia. Quizá Carla Estrada debería haber hecho girar la historia alrededor de ellos.

Pasión es una telenovela que presenta muchas fallas y oportunidades desperdiciadas, pero aún novelas semiperfectas tienen secundarios que pueden robar pantalla y volverse inmortales. Ese es el caso de Enrique, personaje interpretado por Arturo Peniche en Victoria (Telemundo). Sin desmerecer a los actores que lo interpretaron en el pasado, Enrique se está comiendo la novela y haciéndole buena sombra al protagonista.

Como Victoria es una historia espectacular, con personajes muy bien estructurados, no se puede argumentar que sean debilidades argumentales las que hagan relucir a Enrique.La explicación recae en que Peniche es un gran actor, pero eso sólo se sabe cuando está en una buena telenovela, con personaje provocativo, y logrando óptima compenetración con Victoria Ruffo.

Esa es otra virtud del secundario y parte de su mística. Nos permiten estos roles reconocer versatilidad y talento en actores que antes han estado limitados por las exigencias del protagónico o perdidos en argumentos frágiles.

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