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Andrés Martínez Tutek/NYC
July 17, 2008 AT 05:00 PM EDT

Las mentiras, los secretos, la culpa y la lucha permanente entre hacer o no lo correcto, fueron los hilos que llevaron al director estadounidense Brad Anderson a crear Transsiberian, un filme de suspenso lleno de intriga, muerte y mentiras, cuya historia se desarrolla durante un viaje en el popular tren que corre entre Europa del este y Asia.

Con una frescura incomparable y nada pretencioso al hablar, el también director de la cinta The Machinist asegura que la historia empezó a tomar forma en su cabeza hace más de 20 años y que recurrió al tren como elemento central en su cinta, para crear un espacio en el que la culpa y la paranoia se persiguieran una a la otra.

“Cuando me gradúe de la universidad en 1988, hice ese viaje entre Rusia y China en el Transsiberian y en mi cerebro sembré la idea de hacer algo ahí. Luego me dí cuenta que no existe un mejor lugar para esconderse o querer escapar sin poder conseguirlo que un tren en movimiento”, dijo Anderson, en un hotel frente al Parque Central de Nueva York.

“Esto, unido a los paisajes exóticos que existen en ese recorrido, fue es el escenario perfecto para montar una historia en la que lo más interesante es que no hay personajes simples. Se trata de decir que no existe un mundo en donde todo es blanco o negro, sino que en la vida pasa de todo y que todos tenemos un poco de todo”, dijo el director.

“Pase lo que pase todos en algún momento nos hemos sentido culpables por algo, no necesariamente por un acto criminal, pero sabemos que no se puede huir nunca de la verdad”, aseguró el también guionista del filme, agregando que los asuntos de la moral no son fáciles ni pueden pintarse de un solo tono.

Ese pensamiento del director lo comparte la protagonista de la cinta, Emily Mortimer, quien interpreta a Jessie, una mujer casada que cae en un delirante y excitante dilema con otro pasajero del tren que termina muriendo.

“Mi personaje muestra que los secretos son una parte esencial de la vida y la película además tiene el mérito de no simplificar a la gente, a quienes presenta como seres completos que tienen varios lados”, dijo la británica, de 36 años, comentando con mucho humor que algunas escenas hechas en medio del frío del invierno en Rusia fueron especialmente interesantes. “Uy si, el frío la verdad resultó ser muy útil porque nos golpeó y le dio carácter a la historia y de paso a nosotros”, comentó en medio de risas.

La actriz también nos contó que una de las mejores cosas de hacer la película fue haber trabajado con personas de diferentes nacionalidades y razas, lo que le dio mayor riqueza a toda la producción.

“Esta película fue multicultural porque hubo hispanos, alemanes, rusos, lituanos, estadounidenses, ingleses y lo mejor fue sentir que aunque muchos ni siquiera nos entendíamos con el idioma, entendimos que el ser humano es más fuerte que la barrera del lenguaje y estábamos montados en el mismo tren”.

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