Telemundo
Miriam Giglio / Cd. de México
July 23, 2008 AT 03:25 PM EDT

Sigmund Freud afirmaba que todo ser humano actúa motivado por dos fuerzas: sexo y dinero. Eso no se aplica a las telenovelas, puesto que las heroínas deben ser botes a la deriva empujadas por los caprichos de los dioses. Hasta la más inocente meta profesional o el más sano deseo de superarse es castigado cruelmente. Eso le pasó a Betty, La Fea por desear lo que pertenecía solo a the Beautiful People, y le está pasando a Catalina (Carmen Villalobos)en su búsqueda de una figura voluptuosa en Sin senos no hay Paraíso.

EL DEBER DE LA HEROÍNA ES SER MUJER
Toda obra de ficción gira en torno a una búsqueda heroica de los protagonistas, pero si esa búsqueda tiene como meta algún logro personal está destinada a fracasar. La telenovela, como la novela del Siglo XIX, no gusta de protagonistas con grandes ambiciones o ilusiones desmesuradas, sino que le pregunten a Rubí con su trágico y descarado fin.

Las telenovelas no gustan de heroínas que se olvidan que el deber de toda mujer es ser esposa y madre. Por algo la telenovela termina con la protagonista vestida de novia. Hasta Paula (Mayrín Villanueva) de Yo amo a Juan Querendón, terminó casada y no creo que teniendo que atender a dos “Juanes” tuviese en el futuro mucho tiempo para dedicarse a su carrera.

La Gaviota (Angélica Rivera) lo quería todo en la vida: superarse, tener dinero, y amor. Cuando el amor le jugó una mala pasada, la heroína de Destilando amor dedicó su tiempo a estudiar, a buscar empleo y a ascender en el mundo de as grandes empresas. Tuvo que echar un par de mentiritas, pero logró convertirse en vicepresidenta de un importante consorcio. Tan rápido fue su ascenso como su descenso que la llevó a vender enciclopedias de puerta en puerta.

Sin escarmentar, volvió a entrar al mundo corporativo y nuevamente intentó llegar a la cima. Pero así no se juega en las telenovelas. La Gaviota lo comprendió y renunció a sus sueños laborales para enterrarse en una hacienda a cuidar de su amor y su familia.

Sueños prohibidos
La fea más bella (Angélica Vale) quería una oportunidad para demostrar sus conocimientos, pero su carencia de belleza solamente le consiguió un empleo de secretaria y una oficina que mas parecía bodega. Aun así, los sueños de Lety superaban sus posibilidades. Eso la llevó a cometer delitos y a mentir a sus padres en pos del amor prohibido y la satisfacción profesional.

Su despertar fue muy rudo y sacó lo más feo de ella. Para vengarse, otro derecho negado a la heroína, Lety tuvo que quemar sus naves en el terreno laboral y sentimental, casi ahogarse en el Pacifico y emprender una larga penitencia bajo la guía de un ángel sermoneador (Juan Soler). Ese fue su precio por soñar lo indebido, por desear lo que le pertenece sólo a las bellas, y por ser una descontenta.

Con ese precedente ya podemos imaginarnos como le irá a Catalina en su búsqueda antiheroica. Catalina no va tras superación profesional o un amor imposible, ella quiere un busto más grande para poder prostituirse mejor. ¿Tendrá más éxito que La Gaviota y La Fea? Eso estará por verse. Hasta ahora lo único que ha conseguido es una violación, un embarazo no deseado y un aborto. Alguien debería decirle que se olvide de su sueño, porque lo que le espera a las heroínas soñadoras no es precisamente el paraíso.

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