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Vicglamar Torres / NYC
November 08, 2010 AT 02:00 PM EST

Su abuela no sabía cuántos años tenía “porque cuando nació no conocían de registros” y conservó hasta el último día “todos sus dientes en la boca, ¿no te parece que eso es maravilloso? Imagínate eso te hace eterno, eternamente viejo y eternamente joven. Mi abuela nunca tuvo la esclavitud de la edad”, comenta engolosinada Buika, cuya más reciente producción discográfica, El último trago, con el cual la cantante rinde un homenaje a Chavela Vargas, ha sido nominada al Latin Grammy en las categorías Mejor Grabación del Año y Mejor Álbum Tropical Tradicional.

Aunque la cantante española asegura en medio de una explosiva risa que “de esas cosas me entero poco. No es antipatía, es simplemente que siempre estoy en otro mundo”.

Y en su mundo, no es que los premios no sean importantes es que para ella un premio es: “estar sana, que tu madre te reciba en su casa con una gran sonrisa, es mirar a tus hijos  y verlos felices. Lo demás son reconocimientos, que son importantes claro está. Aunque en mi caso creo que soy muy joven como para que me reconozcan por algo”.

No así en el caso de su maestra y amiga Chavela Vargas, quien en su opinión merece “todos los reconocimientos del mundo, porque ella es una musa y a las musas además hay que reconocerlas en vida.

“Chavela nos ha enseñado algo maravilloso que es no temerle a la soledad, no temerte a ti, a tus circunstancias, a tus recuerdos. Nos ha enseñado que hay no temerle al dolor, sino fortalecerse en él y transformarlo en vida”, comenta la cantante de 38 años, cuya relación con Vargas no siempre fue del todo buena.

“La primera vez que nos vimos me dio patadas. Me dijo ‘anda, niña vete. No sirves para esto. Cuando sepas cantar vuelves’ y no me dejó subirme al escenario junto a ella. Salí de allí hecha pedazos, pero es que le canté desde el miedo y un artista no puede actuar desde el miedo porque eso te paraliza.

“Un tiempo después vino a verme a México. Después del show se acercó al camerino y me dijo: ‘hoy  cantaste’. Me bautizó como su hija, ‘la Negrita’, y la verdad somos inseparables”, comentó vía telefónica desde el hotel en el que se alojaba en Denver, ciudad de turno en la gira que está realizando por Estados Unidos.

Buika tiene como credo la autenticidad de las cosas. “No sé cómo se vive de otra manera”, lo que no quiere decir que no se deje arrastrar por las circunstancias. De hecho asegura que llegó a ser cantante por casualidad. “Me dijeron que me daban diez pesetas y me paré a cantar. A lo mejor si me hubieran dado las diez pesetas por apagar un fuego y, hoy sería bombero”. 

No sabe de escalas, ni de notas, ni tiene una formación musical académica, pero canta con el corazón. Cuando se para sobre un escenario y lanza la primera estrofa, su voz pareciera salirle del estómago, de las entrañas. Ese lamento profundo que mezcla el amor, la pasión y el dolor; es decir: los sentimientos.

Y ese sentimiento de Kieâtlio – su nombre africano– ha sido reconocido hasta por Pedro Almodóvar , en cuya película La piel que habito, tiene una participación especial.

“Ha sido maravilloso trabajar con él y con tanta otra gente. Ha sido maravilloso estar un ratito a su lado, porque amo el cine. En cambio, odio los vídeos musicales. Ojalá Dios me permita no tener que hacer ninguno”.

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