Omar Cruz
yacevedo
December 18, 2014 AT 04:23 PM EST

A todo lo que sucede a mí me gusta ver el lado posítivo.

El miércoles 17 de diciembre —día de San Lázaro— cuando recibí a las 10 a.m. la noticia de la Casa Blanca sobre el restablecimiento de las relaciones diplomáticas de Estados Unidos con Cuba me quedé en blanco. No podía llamar a nadie, no podía comentarlo, porque la noticia estaba “embargada” o ¿bloqueada? hasta que el presidente Barack Obama hablara a la nación y al mundo al mediodía.

¿Era un hecho histórico? Sí. ¿Va a cambiar el curso de la historia? Eso tenemos que verlo.

Esperé 24 horas para escribir este blog porque quería poner en receso mis emociones y suavizar el impacto.

Lo que sí aún tengo claro, pasado el puñetazo, es que era hora de salir de la inercia política en que estábamos —me incluyo como estadounidense, porque aunque soy cubano, vivo aquí exiliado desde 1991, soy ciudadano americano y voto en todas las elecciones posibles de este país.

El bloqueo es una fantasía, una doble moral en que vive una mayoría de los cubanos del exilio y los hombres de negocios, porque como muchos de ustedes saben, el que quiera viajar a Cuba viaja, el que quiera comerciar con Cuba, comercia, así que es hora de que se quiten la máscara.

El 3 de enero de 1961, Estados Unidos rompió relaciones diplomáticas con Cuba, dos años después que Fidel Castro tomara el poder por las armas y desde ese día, se ha tratado de construir una muralla —ley Torricelli, ley Helms-Burton, etc.—, para aislar a un gobierno tiránico —y a su pueblo—, hasta que se restablezca la democracia en la isla más grande del Caribe, que está, si es que algunos no lo saben, a unas 90 millas de la Florida.

Lo cierto es que lo que hemos hecho al construir (me sigo incluyendo) esta muralla, es aislar, sí, y también fortalecer a los Castro. Ya el fidelismo se acabó en el 2008, cuando el “rey” cedió su trono al heredero, su hermano Raúl Castro (me encanta que la escritora Zoé Valdés lo llama Castro II), pero como ven, el castrismo, no.

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¿A quién se le ocurre pensar que el “embargo” le va a quitar liquidez a la fortuna de los Castro? Ni en el período especial, ni en las crisis más grandes por las que ha pasado Cuba, la familia de los Castro y sus cortesanos se han visto afectados.

Es hora de que Cuba se abra al mundo. Que los cubanos tengan acceso a la información. Que se caiga el muro. Con el restablecimiento de las relaciones diplomáticas se ha dado un paso. Los primeros beneficiados serán las familias cubanas.
Dejemos de hacer política. Seamos prácticos.

Que el papa Francisco haya logrado sentar (o poner a hablar por teléfono), al gobernante más ateo (al menos públicamente) que reina en el planeta con su enemigo más poderoso, significa la capitulación de los Castro.

Se le acabó a Castro II la jerigonza propagandística contra el imperio. No sé qué trincheras mandará ahora a perforar en medio de la capital para proteger al pueblo de los ataques imperialistas, cuando los imperialistas van a vivir entre ellos, en una embajada como Dios manda.

En vez de gastar energía en salir a protestar contra las medidas del presidente Obama, las organizaciones del “exilio histórico” deberían crear una estrategia y sacarle partido al cambio. Es hora de que el exilio tenga una presencia en la isla. Es hora de que la disidencia reclame oficialmente una voz.

Entre todas las diatribas que he leído en contra y a favor de la hecatombe de las medidas anunciadas por Obama y Castro II, lo más inteligente ha sido lo de Zoé Valdés al final de su blog: “Es el momento para la disidencia de actuar, es el momento de tomarle la palabra a Raúl Castro y a Obama. Es el momento de presentar proyectos políticos, para que esa diferencia de pensamiento, de opinión y de lenguaje, sea reconocida en el interior de Cuba”.

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El muro no se ha caído. Aún no hay democracia en Cuba. No ha llegado el “D Day” todavía, así que no es hora de salir a celebrar a la Rampa en La Habana, o en la Calle 8 en Miami.

Quiero pensar que ese día ya está al doblar de la esquina.

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