uriel santana
Joselly Castrodad-Sánchez
December 16, 2005 AT 02:00 PM EST

En medio de la oscuridad nocturna de una habitación que apenas comenzaba a hacérsele familiar, la pequeña Paula se levantaba azorada clamando, una y otra vez, por su madre ausente, la actriz Mariana Levy. A tan sólo cuatro meses de la pérdida de su mamá, su carencia era motivo de pesadillas. “Cada vez, Ana Bárbara la apapachaba y le decía que su mamita estaba en el cielo”, recuerda María de Lourdes Motta, madre de la cantante. “Me impresiona la capacidad que tiene mi hija”.

Sin lugar a dudas, la llegada a su vida de nuevas responsabilidades maternales pone a prueba el carácter de la grupera justo cuando su carrera artística está en todo su apogeo. Con más de una década de éxitos –acaba de recibir un Grammy Latino al Mejor Álbum Grupero por Loca de amar, comparte escenarios con figuras como José José y Vicente Fernández y es reconocida como compositora y productora– es su relación relámpago con el viudo de Levy, el arquitecto José María Pirru Fernández, lo que más ha generado la atención y el juicio público. “No hay que estar criticando”, opina José José. “Ana Bárbara es embajadora de la música mexicana… y ha luchado por su felicidad. ¡Que Dios los bendiga y que sean felices!”.

Para la ex reina de belleza de San Luis Potosí, esa felicidad viene contenida en Fernández, de 43 años, y sus hijos con Levy: Paula, de 3 años y José Emilio, de 1. Junto a Emiliano, su primogénito de 5 años, y en contacto con María, la hija mayor de Levy, de 9, esta familia instantánea se propone hacerse de una vida normal y dejar atrás la tragedia vivida.Si bien a sus 34 años Ana Bárbara ya conocía el rol de madre, ahora se le han sumado dos enanos –como cariñosamente llama a los niños– a su ya complicada agenda.

“He tenido que modificar muchas cosas de mi vida profesional”, confiesa la intérprete de “Loca”, sin verlo como un sacrificio. En lo artístico, Ana Bárbara aplazó el lanzamiento de su décimo disco y una gira internacional hasta febrero del 2006. En lo personal, ha vuelto a levantarse a medianoche para darle el biberón a José Emilio. “Ahora me la paso corriendo, los llevo y los recojo de la escuela, a la natación, regreso a bañarlos y los llevo a casa de Talina [Fernández, madre de Levy ]”, añade. De hecho, es con Ana Bárbara que la abuela aborda cualquier tema relacionado al bienestar de los pequeños.

Si algo ha ayudado a mantener la paz en el apartamento que La Peque (como la llaman sus allegados) comparte con El Pirru en Lomas de Chapultepec, es que la pareja se ha creado una especie de burbuja existencial: no ven televisión ni leen la prensa, con tal de que los chismes se queden afuera. “Somos más felices porque [así] no tenemos idea de lo que pasa en el mundo”, asegura José María.

Y no es para menos. Tres meses después de que el mundo viera a un desgarrado Fernández despedirse de su esposa fallecida, comenzaron a circular imágenes de él y Ana Bárbara –que por su parte contaba con malogradas relaciones con el cantante José Manuel Figueroa, el comediante Julio Sabala y el boxeador y diputado mexicano Jorge Kahwagi– en pleno disfrute romántico, lo que levantó ronchas familiares y de admiradores. Ante lo precipitado de la relación se rumoró que el romance había comenzado antes de que Levy falleciera de un súbito ataque cardiaco.

La intérprete de “Bandido”, quien ahora luce orgullosa el primer anillo de compromiso que ha recibido en su vida, es enfática en aclarar: “El compromiso que él tenía con su mujer lo cumplió al pie de la letra porque realmente lo sentía”. Por su parte, Talina Fernández, que se ha visto en la situación de vivir su dolor frente a las cámaras, ha dicho públicamente que su hija nunca se quejó de infidelidad. Según la pareja, que se conoce desde hace diez años por compartir en el medio artístico, el dolor fue la fuerza que los unió. “Yo había perdido a mi hermana y a él le bastaron 20 segundos para quedarse sin su gran amor”, explica Ana Bárbara. “Por eso, le comenté que juntáramos a mis sobrinos y a sus hijos para que no se sintieran que son los únicos”.

De estas reuniones de consuelo mutuo, surgió el amor rápidamente. Convencida de que cada cual lleva el duelo de una forma distinta, la cantante asegura estar viviendo una etapa que siempre soñó vivir, aunque le cueste ciertos sacrificios y replantearse sus prioridades.Si bien al comenzar el 2006 la fecha de su unión matrimonial aún no ha sido escogida, seguramente será un evento memorable. Para Ana Bárbara será el segundo matrimonio, mientras que para Fernández será la cuarta boda, aunque para ambos sería la primera vez que contraen matrimonio religioso. “Nos podemos volver locos y cuando menos lo esperemos nos casaremos”, advierte Ana Bárbara. “Somos un poco arrebatados”.

Al menos, esta vez, no tomarán a nadie por sorpresa. Y, como dice el refrán, en guerra avisada no muere gente.

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